RECORDANDO EL VIAJE DE UN ATLANTE
Pedro González Vega presumía con razón de tener una salud de hierro. Algunos sustos que la vida le había ido dando motivaron que adoptara hábitos de vida saludables, transmitiendo una vitalidad realmente envidiable. Sin embargo, la vida le tenía reservado un duro golpe meses atrás cuando uno de sus hijos fallecía en un accidente de avioneta. Me lo cuento nuestro común amigo Luis. Su ánimo y su salud se resintieron de tal manera que al final se adelantó su último viaje para el pasado 5 de mayo. González Vega con 87 años fue un personaje excepcional, autor de obras imprescindibles como “El mensaje de San Borondón” o “Atlantes, misión planetaria en la Tierra”, este último de reciente aparición. Durante su convalecencia en el hospital terminó otro libro, “Guañameñe”, que cuando tuve la oportunidad de encontrarme cara a cara con él en 2005, estaba a mitad de redactar.
Tuve la fortuna de conocerle el pasado verano, cuando viajamos a Gran Canaria específicamente con ese objetivo. Encontré en aquel personaje risueño y de trato afable, el resumen de una experiencia vital intransferible y tremendamente enriquecedora; tomamos café (bueno, yo, él se cuidaba de tan sólo degustarlo) hablamos de sus libros y de los míos, de lo mucho que había aún por hacer, de la importancia de lo cotidiano, de la insensatez que supone creerse en posesión de la verdad o de razones superiores a la de los demás. Me contó y me permitió que lo compartiera con los oyentes de Esencia de Medianoche, sus experiencias al filo del misterio, algunas justo en la frontera de esa muerte que ahora ha mirado de cara. Me escandalizó, también debo confesarlo, con algunas afirmaciones que realizó y que estimularon mi capacidad de sorpresa que a fuerza de embates se haya bastante cauterizada. Lógicamente indagué en sus aventuras borondonianas y debo reconocer que no encontré fisuras en su relato, en especial es se viaje de Aristan que tanto me ha hecho pensar y al que en algún momento me he referido sin disimulado escepticismo. En fin amigo, ojalá que hayas recuperado la serenidad después de los últimos tropiezos que la vida se empeñó en poner en tu camino. Agradezco haberte conocido.
Lee nuestro especial sobre este querido amigo que nos deja.